En el debut de esta columna, que se enfocara principalmente en temas del mercado inmobiliario y otros asuntos importantes de nuestra vida en The Woodlands, quise iniciar con un tema que nos toca de alguna manera a todos. Para el latino en Estados Unidos, independientemente de si acaba de llegar a este país, nació aquí o tiene hijos estadounidenses, el tema de hablar español en casa es uno de los temas más frecuentes y. Esta semana cumplí 21 años en los Estados Unidos y mi inquietud al respecto se inició con la llegada de mi primer hijo de ahora 13 años. Antes de su nacimiento me eduque en el mejor camino a seguir en cuanto al lenguaje que íbamos a hablar.

Lo que dicen los terapistas del lenguaje: Idealmente si los dos padres hablan el mismo lenguaje el niño debe exponerse a la lengua materna solamente por lo menos durante los tres primeros años de vida. Esto le permitirá crear patrones lingüísticos solidos a nivel cerebral. Estos mismos patrones facilitaran el aprendizaje de un segundo o tercer lenguaje con mayor rapidez y competencia. Si los padres hablan diferentes idiomas cada uno debe hablarle al niño en su lenguaje natal.

Lo que dicen los científicos: Estudios de la fisiología a nivel cerebral han demostrado que las personas que crecieron siendo bilingües mostraban mayor materia gris en ambos hemisferios, notablemente en el hemisferio izquierdo conocido como el área de control del lenguaje y de las habilidades de comunicación. El bilingüismo cambia la estructura del cerebro, sobre todo en personas que adquieren el segundo lenguaje antes de los 5 años. Las personas bilingües disfrutan de mayor destreza para la lectura, la escritura, la comprensión y el lenguaje oral. En otros palabras ser bilingüe es el mejor ejercicio para el cerebro de nuestros hijos y su resultado directo es un incremento en el coeficiente intelectual.

Lo que dice el mercado global de empleos: Es indudable que el dominio de un segundo o tercer idioma nos abre las puertas a innumerables oportunidades dentro de cualquier industria o carrera alrededor del mundo. En los Estados Unidos donde los latinos o hispanohablantes nos hemos convertido en la minoría más influencia en todos los sectores esta ventaja es obvia. Somos más de 52 millones, el 16% de la población del país y los cálculos, teniendo en cuenta el porcentaje de crecimiento, estiman que para el año 2050 habrá 132 millones, y seremos el 30% del total de la nación. Las estadísticas son indiscutibles estamos aquí y nuestra presencia se siente. “Estoy aprendiendo español”, “Como quisiera saber hablar español” o “Me enseñas a decir eso en español” son frases que intercambiamos frecuentemente. Personalmente gran parte de mi éxito profesional lo atribuyo a la habilidad de dominar ambos idiomas y ser no solamente bilingüe sino bicultural.

Lo que dice la familia:

El español es una conexión con nuestras raíces, nuestra cultura y nuestras familias. La frase “debes saber de dónde vienes para saber quién eres” debe resonar en nuestros oídos diariamente. Cuando el hispano o latino se deshace de la conexión lingüística que nos une a todos puede fácilmente ocurrir una fractura en la identidad del individuo. El encajar demográfica y culturalmente en una categoría se vuelve una tarea dantesca. Aun después de más dos décadas en los Estados Unidos siento que muchas de mis palabras tienen más énfasis y sentimiento cuando las digo en español. Esto lo atribuyo a la dualidad inconsciente entre la expresión y el recuerdo relacionado con ella. Además, el dominio de nuestro lenguaje materno afectara nuestra habilidad para relacionarnos con nuestros ancestros y sus vivencias. A su vez se ha determinado que el bilingüismo por lo general resulta en individuos más abiertos a comprender nuevas culturas.

El dominio de un segundo idioma, sea cual sea, aporta beneficios sociales, económicos, profesionales e intelectuales a largo plazo que van más allá de facilitar la comunicación. Soy conocida en casa como “el sargento del español”. Tengo tres hijos de 13, 9 y 4 años de edad a quienes solamente me dirigí en español por sus primeros tres años de vida. Crecí en Venezuela, de padres Uruguayos, mi padre frecuentemente habla portugués ya que parte de su familia es Brasilera y mi esposo Ivan nació en Colombia y creció en Miami. Mis hijos son lo que en Venezuela llamamos un “arroz con mango” o sea una gran mezcla. Lucho diariamente para que continúen reforzando su dominio del español y mantengan su identidad como latinos al mismo tiempo que desarrollan su propia individualidad. No es fácil lograrlo pero los tres lo dominan a la perfección y sin acento. Se trata de constancia y disciplina y a veces un poco de humor. Mis hijos saben que aun que mami fue traductora simultánea, si me hablan solo en ingles lo más probable es que les repita “No te entiendo” hasta que se rindan y hablen español. En otra oportunidad cuando mi hija del medio se rehusaba a hablar en español le dije que estableceríamos una multa de 25 centavos por cada frase en ingles que se hablara. Muy pronto su alcancía estaba llena. Se trata de encontrar lo que funcione para nuestras familias y conocer que incentiva a nuestros hijos.

Como dicen todas las mamas “algún día me lo agradecerán”. Mientras tanto es mi deber asegurarme de heredarle a mis hijos una de las herramientas más importantes que poseerán en sus vidas, el dominio del idioma español.

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